Opinión: Las polémicas encuestas de intención de voto

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Fernando-Huamán  

Fernando Huamán Flores
Doctor en Comunicación Pública.
Docente de la Facultad de Comunicación de la Udep.

Se acerca la campaña electoral y con ella aparecen las encuestas de intención de voto. Hasta ahora se han convertido en el principal referente para que los ciudadanos y los políticos establezcan, anticipadamente, quiénes serán los posibles ganadores o perdedores de los comicios electorales.

Estos estudios siempre están rodeados de un aura de polémica, porque quienes están arriba afirmarán que tienen aceptación popular, mientras los que están abajo, sostendrán que el verdadero sentir del piurano se encuentra en la percepción de la calle.

Presentado así el escenario, nos encontramos frente a instrumentos de medición que influyen en parte de la ciudadanía –sobre todo los indecisos–, por lo que merecen una reflexión más allá del simple comentario de sus resultados. ¿Son confiables las encuestas de intención de voto que leemos en Piura? Debemos tomar en cuenta que, hasta ahora, todas las empresas encuestadoras piuranas afirman que sus estudios son financiados con recursos propios.

Si tomamos como punto de partida que, aproximadamente, un estudio de índole regional cuesta alrededor de 10 mil soles, debemos ser conscientes de que éstas empresas están dispuestas a regalar sus resultados sin pedir nada a cambio. En otras ciudades, en aras de la transparencia, los estudios son auspiciados por medios de comunicación o instituciones sin intereses partidarios. Esto, por lo menos, brinda mayor garantía de que no estamos frente a interpretaciones antojadizas del espacio público.

Si no tenemos claro quién es el financista, podríamos, sin querer, ser marionetas y cómplices de intereses ilegítimos que buscan manipular la percepción social. Tan importante como los resultados es el termómetro social, porque un buen análisis de la coyuntura es parte del derecho que tienen los ciudadanos a estar informados.

Algunas inconsistencias
Las encuestas regionales presentan resultados distintos, lo cual nos debe llevar a cuestionar su fiabilidad. Suele argumentarse que esto ocurre porque se emplean diferentes procesos de levantamiento de información, pero ello es inexacto. Los métodos de investigación son, dicho en fácil, caminos para llegar a una realidad. Tienen un carácter instrumental porque lo importante no son ellos (las encuestas) sino lo que miden (el sentir del público).

Por eso mismo, cuando estamos frente a un estudio de percepción social, no podemos afirmar que a metodologías distintas le corresponden resultados distintos. Si existen resultados distintos es porque alguien ha equivocado la metodología o, por lo menos, parte de ella.

Podríamos plantearnos, por ejemplo, una duda razonable en el repentino crecimiento de intención de voto de la autoridad municipal. ¿Es posible que la alcaldesa Ruby Rodríguez tenga más intención de voto que su propio nivel de aprobación?

Sí, es posible, pero NO en un mismo período de tiempo. En encuestas anteriores no llega a obtener ni 10% de aprobación a su gestión, sin embargo, existiría un 15% de ciudadanos que votaría por ella. Este resultado, por lo menos, nos indica que la opinión pública se enfrenta a un escenario de inconsistencias.

Algunos de los estudios de intención de voto presentan, además, deficiencias técnicas. Los resultados son confiables si se aplican cuestionarios en el total de distritos de la provincia investigada. Si esto se alcanza, estaríamos frente a un nivel de representatividad de 100%. El criterio técnico nos dice que podríamos obviar parte de la población, pero nunca tanto que el nivel de representatividad esté por debajo del 90%.

¿Sabía usted que algunos resultados que lee en los medios han sido obtenidos con menos del 70% de representatividad? Esto sucedió en la última elección municipal, por eso el resultado final del día de la votación fue contrario a lo señalado por las empresas encuestadoras.

El paupérrimo nivel de fiscalización
El Jurado Nacional de Elección (JNE) es el encargado de fiscalizar a las empresas encuestadoras, pero, con los procedimientos actuales, no puede garantizar la completa honestidad en los resultados.

La entidad electoral solicita, principalmente, la ficha técnica, pero no puede garantizar que se hayan hecho encuestas en todos los lugares señalados por las empresas. Años atrás se intentó incluir otros requisitos, pero las encuestadoras amenazaron con no realizar más proyecciones electorales.

El asunto, por ser técnico, es complejo para el ciudadano de a pie, pero queda claro, al menos legalmente, que existen dudas razonables porque no estamos completamente libres de la manipulación.

Ganancia política de los resultados y el camino por recorrer
La campaña se encuentra en un momento en que los candidatos están buscando alianzas, configurando sus cuadros técnicos y esperando financistas.

En este contexto, el aparecer en los primeros lugares se convierte en un indicador interesante que los provee de atractividad para recibir el apoyo de terceros. Si a esto le sumamos las carencias técnicas antes mencionadas, así como el flojo nivel de fiscalización del JNE, las encuestas se convierten en una herramienta atractiva –y democráticamente peligrosa– para la carrera hacia los cargos públicos.

Con todo, es necesario recordar que los actuales resultados aún no son significativos para un análisis de lo que podría pasar en los próximos meses. Todavía hay mucho camino por recorrer, sobre todo, en el ámbito de los antecedentes de los candidatos y del imaginario social al que apelarán para hacerse conocidos. La sola lectura de los números no es suficiente para entender el panorama.

A veces nos olvidamos que las encuestas tienen principalmente una función explicativa y no solamente predictiva. Los encuestados también pueden mentir y, aunque no es exacta la afirmación, “las encuestas se equivocan”. ¿Ejemplos? Varios: la elección municipal del 2010, las elecciones presidenciales peruanas del 2001, las del 2006, etc. La realidad es dinámica y, por tanto, las fotografías del momento son solo un punto de partida para el análisis.

Aunque la población quiere ir a ganador, debemos recordar que en una elección no estamos jugando un bingo o una rifa. Debemos votar por quien ofrezca las mejores propuestas y por quien se crea que velará por los intereses de nuestra querida Piura.

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